Hay hechos que definitivamente cambian para siempre la historia de pueblos y ciudades. De esto pueden dar fe los habitantes de Capilla del Monte, ya que a partir de enero de 1986 todo cambió. La huella hallada sobre la Sierra del Pajarillo puso en primer plano, nacional e internacional, a esta ciudad y a su símbolo: el misterioso Cerro Uritorco. En
estos treinta y tres años se produjeron grandes cambios en la
idiosincrasia del lugar, resultado de una explosión demográfica de más
del 100% (de los 7.700 habitantes de 1986 a los más de 15.000 en la actualidad). Hoy Capilla del Monte está considerada como la Capital Nacional de los Ovnis y es, además, centro convocante de cuanta terapia alternativa exista. Pero
mejor vayamos al inicio de este proceso, viajemos a enero de 1986 y
revisionemos el hecho que cambió para siempre a esta maravillosa ciudad.
En
la noche del 8 de enero de 1986 Doña Esperanza Gómez, una anciana de 80
años, su hija Sara y su nieto Gabriel Gómez de 11 años se encontraban
jugando a las cartas en la finca de la familia Gómez ubicada cerca de la
ruta provincial 17 que lleva a Ongamira. Jamás
se imaginaría la familia Gómez que serían testigos de un hecho
extraordinario tanto para la ovnilogía nacional como internacional. Pero mejor vayamos a los relatos de los protagonistas tal cual lo plasmó Jorge Suárez en su libro “Luces sobre el Uritorco”:
Así lo relató Doña Esperanza Gómez: “Eran
las diez y media de la noche y estábamos carteando cuando oímos el
ruido de un motor, como si se acercara un automóvil por el camino que
pasa unos metros más debajo de la casa. Esto nos llamó la atención porque es raro que pasen coches por este lugar y a esa hora. Cuando íbamos a salir para ver si había llegado alguien, una potente luz roja entró por la ventana y nos dejó paralizados. Parecía correr de una a otra ventana, y sentimos miedo de salir a ver de donde salía la luz. Pero
mi nieto que es un botijón muy curioso se animó a mirar por la ventana,
mientras mi hija y yo no hicimos otra cosa que quedarnos quietitas en
un rincón del cuarto”.
![]() |
Doña Esperanza Gómez y Gabriel Gómez dieron su testimonio a la prensa |
Y el relato más importante, el de Gabriel Gómez:
“Antes jamás había visto algo parecido. Al principio creí que se trataba de la luz mala. Muchos
viejos del lugar hablan de una luz que anda por las sierras, pero esta
era muy chica y fue lo primero que vi del lado de atrás de la sierra que
tenemos en frente, hacia el norte. En un momento vi que se acercaba hacia la casa. Entonces mi tía, que tenía mucho miedo, le dijo a mi abuela que se diera vuelta. Fue cuando la luz llenó toda la pieza de un color rojo. Mi
abuela me ordenó que cerrara la ventana y cuando me acerqué a la reja
la luz se hizo todavía más luminosa, redonda como una pelota y no podía
ver nada. De pronto se apagó la luz fuerte que tenía debajo y se prendió la más clarita de arriba, entonces puede ver más detalles. Era redondo, como una esfera con rayas y cuando la luz clarita se apagaba con la luz fuerte no veía “eso” … Andaba por el campo, se alejaba bamboleándose y luego regresaba en dirección a la casa. Siempre estuvo sobre la sierra, balanceándose. Cuando cerré la ventana, porque la abuela y mi tía tenían miedo, y la verdad yo también, nos fuimos a dormir…”.
![]() |
Jorge Suárez |
A
la mañana siguiente la noticia llegaba a Capilla del Monte y de allí
partía una pequeña comisión para tratar de verificar los hechos. El
por entonces Secretario de Gobierno (y fallecido investigador Ovni) Jorge
Suárez, el Intendente Diego Sez, el Fotógrafo Municipal Raúl Ochonga y
el Diputado Provincial Andrés Argañaraz viajaban llenos de escepticismo
respecto de la posibilidad de que un Ovni hubiera descendido en el
Pajarillo. Entrevistaron
a Doña Esperanza y escucharon el testimonio de Gabriel que fue
fundamental para explicar el extraordinario suceso de la noche anterior,
para lo cual dibujó sobre la tierra la forma del objeto que había
divisado. Pero
no fue hasta ver con sus propios ojos la huella que todos empezaron a
dudar de lo que realmente había pasado allí. Como lo relata Jorge Suárez
en su libro: “Recuerdo que el primer pensamiento que llegó a mi mente fue: ¡Dios mío que cosa maravillosa!
Y no era para menos, se encontraban ante una huella de 120 por 65 metros, la más grande huella registrada por la ovnilogía mundial. Se
llevó a cabo un pormenorizado estudio de la huella por parte del Lic.
Angel Alberto Díaz (doctorado en Ciencias Geológicas y con conocimientos
en Meteorología, Electrónica, Astronomía, Botánica, Zoología y
Astronáutica). En la investigación se destaca el hallazgo de insectos y
batracios que indica que el fuego fue rápido o instantáneo, y la
presencia de materiales con la faz superior más calcinada indica fuerte
calor desde arriba, impropio de incendios naturales. La
hipótesis del origen no natural de la huella está basada en: a) la
infrecuencia de incendios en la época y su pronta extinción. b)
ciertas características atípicas de la misma, avaladas por los
lugareños y la mayor calcinación de las fases superiores de algunos
materiales. c) las diferencias en determinados contornos y las formas semicirculares. d)
la mayor calcinación en los focos, cuando la cubierta presenta
características homogéneas. e) la presencia en los aledaños del efecto
de marchitamiento.
En la vereda de enfrente nos encontramos con el investigador Alejandro Agostinelli, que visitó la huella en febrero de 1986 junto a un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea Argentina, quién según sus dichos pudo comprobar que la afirmación de que el calor se había producido de arriba hacia abajo era falsa. Así lo relata: "Parte del abundante espartillo diseminado en el área del incendio estaba chamuscado de un solo lado, como si la acción del calor hubiese ascendido desde el valle hacia la parte superior del cerro. La “mancha” tampoco era, como se aducía, un “círculo perfecto”. Gracias a las medidas que tomamos in situ y fotografías aéreas (tomadas por estos mismos oficiales desde un avión Pucará días antes), verificamos que se trataba de una elipse cuyos bordes se difuminaban en la zona más alta".
"Lo que seguía siendo un misterio eran las causas del incendio".
En 1996 Agostinelli fué enviado a Capilla del Monte por los diez años de la huella. En esa ocasión pudo entrevistar a Roberto Basso, quién se atribuyó la planificación y creación de la "mancha" de El Pajarillo. También aseveró, sin otra prueba que su relato, que había fabricado las evidencias del falso aterrizaje (al que llamaba “la postal”), gracias al apoyo económico de tres comerciantes y con el fin de para recuperar el turismo perdido. Las dudas del investigador se acrecentaron al poder entrevistar a Luis Bartolli, quién en ese entonces era el Jefe del Cuerpo de Bomberos. Bartolli explicó que nunca se solicitó una pericia por parte de bomberos y el expediente se cerró sospechosamente, ya que la Policía siempre determinaba las causas de cualquier incendio. Durante el año 1986 sabiamente alguien de Capilla del Monte manifestó: “si hubiéramos querido traer turistas a nuestra ciudad la huella estaría en el Cerro Uritorco”.
En la vereda de enfrente nos encontramos con el investigador Alejandro Agostinelli, que visitó la huella en febrero de 1986 junto a un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea Argentina, quién según sus dichos pudo comprobar que la afirmación de que el calor se había producido de arriba hacia abajo era falsa. Así lo relata: "Parte del abundante espartillo diseminado en el área del incendio estaba chamuscado de un solo lado, como si la acción del calor hubiese ascendido desde el valle hacia la parte superior del cerro. La “mancha” tampoco era, como se aducía, un “círculo perfecto”. Gracias a las medidas que tomamos in situ y fotografías aéreas (tomadas por estos mismos oficiales desde un avión Pucará días antes), verificamos que se trataba de una elipse cuyos bordes se difuminaban en la zona más alta".
"Lo que seguía siendo un misterio eran las causas del incendio".
En 1996 Agostinelli fué enviado a Capilla del Monte por los diez años de la huella. En esa ocasión pudo entrevistar a Roberto Basso, quién se atribuyó la planificación y creación de la "mancha" de El Pajarillo. También aseveró, sin otra prueba que su relato, que había fabricado las evidencias del falso aterrizaje (al que llamaba “la postal”), gracias al apoyo económico de tres comerciantes y con el fin de para recuperar el turismo perdido. Las dudas del investigador se acrecentaron al poder entrevistar a Luis Bartolli, quién en ese entonces era el Jefe del Cuerpo de Bomberos. Bartolli explicó que nunca se solicitó una pericia por parte de bomberos y el expediente se cerró sospechosamente, ya que la Policía siempre determinaba las causas de cualquier incendio. Durante el año 1986 sabiamente alguien de Capilla del Monte manifestó: “si hubiéramos querido traer turistas a nuestra ciudad la huella estaría en el Cerro Uritorco”.
Pero el misterio no quedaría en este punto sino que aumentaría poco más de un año después con lo que se conoció como la fase 2 de la Huella. En
el Valle de Punilla hay meses del año donde el riesgo de incendios es
alto debido a la sequedad de la vegetación y 1987 no fue la excepción. A
principios del mes de agosto se produjo un gran incendio forestal que
afectó la zona de Los Terrones, Charbonier, Quebrada de Luna, Masa y en
especial sobre la sierra de El Pajarillo. El
incendio había arrasado miles de hectáreas, incluyendo bosques
centenarios, y lo más lamentable era que tenía un origen intencional. Pero no todo fue un resultado negativo dentro de esta desgracia. Cuando
el incendio pasó y se extinguió el asombro se apoderó de todo aquel que
observara la sierra del Pajarillo, en medio de los restos calcinados y
negros de la vegetación del lugar la huella permanecía intacta. El fuego que arrasó hectáreas había respetado la vegetación contenida dentro de un círculo de 100 m. ¿Qué sucedió? ¿Qué protección hubo?
El
investigador Jorge Suárez se apersonó en el lugar junto al periodista
de Radio Universidad de Córdoba Fernando Sansó, gran conocedor de la
geografía serrana, que no pudo dar una explicación razonable a lo
sucedido. Ambos
procedieron a realizar una prueba fundamental, arrancaron pasto de la
huella y lo acercaron a una llama, para su asombro vieron como se
quemaba rápidamente. También pudieron comprobar una coloración diferente entre las piedras que se hallaban dentro y fuera de la huella. Las
primeras mantenían en su parte superior, a pesar del tiempo, un tono
marrón y la cara apoyada sobre la tierra mantenía su color original. Y
las segundas se encontraban tiznadas de arriba hacia abajo, con lo cual
quedaba demostrado que en el lugar hubo dos fuentes de calor distintas,
una producida por el incendio en el terreno y otra procedente de “algo”
que se mantuvo suspendido sobre el terreno.
Visita a la casa de la familia Gómez - Enero 2010 (Foto propia) |
Nuevamente
fueron muchos los investigadores y las investigaciones que se llevaron a
cabo y, por supuesto, no se supo dar una clara respuesta a lo sucedido.
Por
eso prefiero quedarme con un extracto del párrafo de la nota presentada
en la revista Cuarta Dimensión Nº 157 como conclusión a los hechos en
la sierra del Pajarillo:
Ahora...¿Qué se podrá argumentar?”